Todos sentimos las restricciones que imponen las limitaciones humanas. A nivel físico, el dolor y la fatiga nos permiten saber cuándo estamos cerca del umbral en el que, si seguimos más fuerte o más lejos, podemos llegar a alcanzar un logro o una lesión. A nivel emocional, se pueden manifestar como miedo, nerviosismo, manos sudorosas. Choco con el nivel emocional cuando me quedo en blanco.

Pero, tras un análisis más profundo, una limitación es sólo el camino hacia una nueva experiencia. El otro lado de lo que podríamos llamar una limitación es sólo un territorio desconocido.. Nunca hemos estado ahí, y en algunos casos, ni siquiera nos hemos imaginado estar ahí.

Una vez tuve un profesor que cambió para siempre mis relaciones con las limitaciones. Me dijo que cada vez que me encontrara con lo que pienso que es una limitación, debería decirme a mí mismo: “mi estado actual, susceptible de cambiar, es…” y rellenar el hueco en blanco con la mayor objetividad posible.

“Mi estado actual, susceptible de cambiar, es que no puedo bajar de 4 horas en maratón”. “Mi estado actual, susceptible de cambiar, es que quiero perder esos últimos 5 kilos y parece que no lo logro”. “Mi estado actual, susceptible de cambiar, es que quiero correr un 5K con mi hijo y casi no puedo ni cruzar la habitación sin quedarme sin respiración”.

Lo que hemos aprendido de este maravilloso y sabio consejo es que donde veo mis limitaciones puedo hacer una elección. Puedo aceptar el desafío o aceptar la limitación. Nunca jugaré al baloncesto en los Lakers o ganaré al golf a Tiger Woods. Estas limitaciones las acepto, y no puedo hacer nada al respecto. Pero si hay la más mínima parte de mí que ve un límite y encuentra posibilidades, entonces estamos ante un desafío y ya no es una limitación. En ese momento se convierte en un desafío que acepto con toda la visión, la intención, los recursos y la experiencia que pueda reunir.

Este acercamiento me recuerda a la Oración de la Serenidad: “Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el coraje para cambiar las cosas que puedo y la sabiduría para conocer la diferencia entre unas y otras”.

Como te diría un buen estratega, cuando estás ante un desafío, utiliza lo que conoces para llegar a lo desconocido, más allá de los límites habituales. Tener recursos significa utilizar y sacar a relucir todas tus capacidades y dirigirlas a conseguir tu meta…aunque ese objetivo esté situado en un lugar que no te es familiar. Esto nos conduce a lo que suena como una Ley Universal: romper con cualquier limitación requiere que subas la apuesta haciendo más de lo habitual o aproximándote de una manera diferente.

Digamos que quieres correr tu media maratón más rápida, y parece que no hay manera de mejorar los tiempos en los entrenamientos por mucho que te esfuerces. ¿Cuál es tu estado actual o condicionamiento? ¿Cómo es tu técnica de carrera? ¿Cuál es tu estrategia? Si tu condición aeróbica te limita, necesitas mejorarla antes de pensar en correr más rápido. ¿Cómo se logra eso? Podría significar que para mejorar esa condición aeróbica hay que trabajar con intervalos de velocidad en el programa semanal de entrenamiento. Podría hacerse aumentando unos kilómetros más rápidos al final de las tiradas largas semanales. Si, por otra parte, es la técnica lo que te limita, significa que tienes que mejorar esa técnica de carrera para ser más eficiente. Quiere decir saber a qué velocidad hay que hacer cada kilómetro para batir tu tiempo anterior, y aprender cómo correr más rápido a través de la relajación y no de esforzarse más.

Cualquiera de esos ajustes en tu entrenamiento podría ser la llave para superar la limitación. Y todos ellos garantizan su superación. Así que, cuando piensas en un plan para quitar el polvo a tu limitación, es importante acercarse al desafío desde la mayor cantidad de ángulos posible. Piensa en tus habilidades, en cuáles puedes utilizar y sacar partido, las que puedes mejorar, para que el día que decidas afrontar tu desafío, lo puedas hacer. No con dolor y lucha, sino desde la abundancia y la confianza.

Danny Dreyer, 6 de junio de 2017