El artículo titulado For Your Brain’s Sake, Keep Moving, de Gretchen Reynolds en el NY Times Well blog fue publicado el 4 Oct. 2017.

He aquí mi respuesta a su artículo:

“Como no tenemos suficientes razones para mantenernos en forma, un nuevo estudio con ratones encuentra que el ejercicio físico no sólo aumenta el número de neuronas del cerebro, sino que además cambia sutilmente la forma y el trabajo de esas células de forma que podría tener implicaciones en la memoria e incluso retrasa la aparición de la demencia.
Como hemos escuchado la mayoría de nosotros, el cerebro no está compuesto por material estático e inamovible. Es un órgano activo y dinámico en el que a lo largo de la vida aparecen nuevas conexiones neuronales, especialmente en las áreas cerebrales relacionadas con la memoria y el pensamiento.
Este proceso de creación de nuevas neuronas, llamado neurogénesis, puede ser alterado por el estilo de vida, incluída la actividad física. Muchos estudios del pasado han mostrado con roedores en el laboratorio que el ejercicio dobla e incluso triplica el número de células producidas en el cerebro de los animales adultos en comparación con los animales sedentarios.

Pero no ha quedado claro si las nuevas células cerebrales de los animales activos son de alguna manera diferentes de las nuevas células comparables de los animales inactivos o si son más numerosas.
El tema ha interesado mucho a los científicos del Laboratorio de Neurociencias del Instituto Nacional de la Edad, que ha estado examinando cómo el hecho de correr altera el cerebro y el comportamiento de los animales de laboratorio.

El año pasado, en un importante estudio publicado en NeuroImage, los investigadores encontraron por primera vez que las células de los cerebros jóvenes de ratones adultos que pasaban un mes corriendo en una rueda parecían ser diferentes de los cerebros de los animales que no habían corrido. Para hacer el experimento, los científicos inyectaron una vacuna de la rabia modificada a los animales, que llegaba al sistema nervioso y al cerebro. Encontraron que las nuevas células cerebrales de los corredores tenían más y más largas dendritas, esos rizos serpenteantes que ayudan a conectar las células dentro de la red de comunicaciones neuronales. También encontraron que muchas de esas conexiones conducen a partes del cerebro que son muy importantes para la memoria espacial, nuestro mapa interno de dónde hemos estado y cómo hemos llegado hasta allí.

Este tipo de memoria suele disminuir en los estados iniciales de la demencia.

Pero estos descubrimientos, intrigantes, se referían a animales que habían estado corriendo durante un mes, que equivale a años de actividad física en las personas. Los investigadores se preguntaban si esos cambios en neuronas y conexiones neuronales podrían incluso haber comenzado antes, quizás inmediatamente después de que los animales empezasen a practicar ejercicio físico.

Así que para el nuevo estudio, publicado el mes pasado en Scientific Reports, la mayoría de esos investigadores reunieron un grupo de ratones machos adultos (se utilizaron machos para evitar los efectos del ciclo reporductivo femenino). A los animales se les inyectaba una sustancia que marca las células recién nacidas. La mitad corrían en una rueda de su jaula durante una semana, mientras que la otra mitad estaban inactivos. Después, a algunos se les inyectaba la vacuna de la rabia modificada para rastrear nuevas sinapsis y conexiones entre las neuronas.
Cuando los científicos examinaron al microscopio el material cerebral encontraron en los corredores el esperado aumento de neuronas respecto a los sedentarios, a pesar de que los corredores lo habían hecho sólo durante una semana.
Además, esas neuronas parecían únicas, eran más grandes y tenían más dendritas y más largas respecto a los otros animales. En efecto, las nuevas neuronas de los cerebros de los corredores parecían ser más maduras con sólo una semana de ejercicio comparadas con las de los cerebros de los roedores inactivos.
Estas células jóvenes estaban mejor integradas en el sistema de circuitos cerebral, y con más conexiones en las partes del cerebro relacionadas con la espacial y con otros tipos de memoria. Y más sorprendente para los investigadores probaron que estas células son de más difícil activación por mensajes neuroquímicos para encenderse rápidamente, cosa habitual en casi todas las células maduras. Éstas permanecían más calmadas y menos tendentes a excitarse que las neuronas de los cerebros de animales sedentarios.

El significado de estas diferencias celulares se mantiene incierto, según afirma Henriette van Praag, investigadora del Instituto Nacional de la Salud y autora de éste y del anterior estudio. Ninguno de los dos fue diseñado para evaluar si los ratones corredores pensaban y recordaban de forma diferente a los inactivos.
Pero la investigación “presenta más evidencia de que las células cerebrales que nacen al correr no son sólo cuantitativa y cualitativamente diferentes” a las otras neuronas, reconoce Henriette, “sino que además son diferentes muy pronto” después de empezar a hacer ejercicio.
Quizás más importante es que esas nuevas células de los ratones corredores tienden a integrarse y hacer crecer partes del cerebro que, cuando están dañadas por una enfermedad, están asociadas con tempranas pérdidas de memoria y demencia, añade.

Por supuesto, este experimento utilizó ratones, que no son personas. Cuando algunos estudios neurológicos del pasado con seres humanos han dado pistas de que el ejercicio podría alterar nuestra estructura cerebral de una manera similar, dice Henriette, esa posibilidad era sólo teórica.

En cualquier caso, dice, “Creo que es una buena idea moverse y estar activo para el bien de nuestro cerebro”.

Así que mi primera pregunta después de leer el artículo de Gretchen es: “vale, de acuerdo, entiendo que correr ayuda al cerebro a crear mejores conexiones neuronales y ayuda a contrarrestar las pérdidas de memoria…pero por qué el hecho de correr tiene esas consecuencias?”. Me encantaría ver una investigación que analice el aumento de las cantidad de oxígeno en sangre que llega al cerebro una vez que una persona, o un ratón, empieza a correr. Cuando empiezas a correr los latidos de tu corazón son más fuertes (bombean más sangre a todo el cuerpo), respiras con mayor frecuencia, y si respiras por la nariz como aconsejamos en ChiRunning, aumenta el transporte de oxígeno, no sólo a los músculos, sino también al cerebro. Esto no puede ser malo.

Sé por mí mismo que cuando corro pienso con más claridad. Es cuando reflexiono sobre posibles temas para el blog o elijo mi último momento “Aha!”. Utilizo mi tiempo para correr también para resolver problemas de mi vida. Cuando regreso a casa después de correr me siento a gusto dentro de mi cuerpo. Y aunque pueda pensar muchas cosas durante el entrenamiento, termino de alguna manera menos cansado y pesado mentalmente que cuando arranco. Es algo previsible.

Así que no me sorprende que lo que siento sea en realidad un fenómeno real y que si puedo seguir corriendo a pesar de mi edad, podría ser que sea mi cerebro el que marche primero. Una cosa adicional ocurre cuando salgo a correr y practico mi técnica de ChiRunning, y es que ejercito la mente al prestar atención a lo que ocurre en mi cuerpo minuto a minuto, ajustándome en todo momento a las demandas del medio ambiente en el que estoy corriendo…sea una ciudad con tráfico que hay que esquivar o en plena naturaleza en las que el terreno bajo los pies cambia cada segundo. Este tipo de ejercicio mental pertenece al campo de la plasticidad neuronal (la capacidad del cerebro para reorganizarse a sí mismo formando nuevas conexiones neuronales a través de la vida) desencadenada por miles de cambios sobre la marcha en mi propiocepción.

Estoy seguro que con investigaciones más profundas sobre el cerebro de los corredores (y de los ratones que corren) descubriremos que correr, bien hecho, puede ser la panacea para muchas de las cosas que la vida nos presenta.

Danny Dreyer, 1 de noviembre de 2017